Nadie entendía a la millonaria china furiosa, hasta que la hija de una camarera dijo una frase que lo cambió todo

Y pidió que Sara fuera la persona encargada de atenderla.

Cuando llegaron a la habitación, Jiawei señaló el viejo baúl.

No contenía ropa.

Había fotografías antiguas, cuadernos, planos, objetos envueltos en seda y documentos amarillentos.

Jiawei sacó una fotografía en blanco y negro.

Mostraba a una joven china delante de una elegante casona.

—Mi abuela —dijo.

Lucía tradujo.

Se llamaba Lin Meiying.

Había llegado a México a finales de la década de 1940. Era una mujer con una enorme habilidad para los negocios y había comprado varias propiedades en aquella zona de la ciudad.

Una de ellas ocupaba exactamente el terreno donde ahora estaba el hotel.

Meiying soñaba con construir allí un establecimiento diferente.

Un lugar donde la decoración china y mexicana convivieran sin que ninguna borrara a la otra.

Pero el proyecto nunca llegó a realizarse.

Según Jiawei, dos de los socios de su abuela aprovecharon un momento de debilidad económica y personal para quedarse con buena parte de las propiedades mediante documentos que la familia siempre sostuvo que habían sido manipulados.

Meiying perdió casi todo.

Finalmente abandonó México.

Décadas después, sobre aquellos terrenos apareció el hotel.

—Mi abuela murió diciendo que la verdad seguía aquí —explicó Jiawei.

Sara sintió un escalofrío.

—¿Aquí dónde?

Jiawei abrió otro cuaderno.

Había dibujos de la antigua construcción.

Entre ellos aparecía repetidamente un ave.

Un fénix.

—Ella lo llamaba el Ala del Fénix.

Jiawei llevaba años comparando los diarios familiares con planos antiguos.

Creía que una parte de la construcción original no había sido demolida.

Había quedado encerrada dentro de las sucesivas remodelaciones.

Y dentro de aquella zona, según el diario, su abuela había escondido una caja.

La llamaba la caja del corazón.

Contenía aquello que podía demostrar lo ocurrido.

Sara miró a Lucía.

Todo aquello parecía una historia inventada.

Hasta que Jiawei extendió sobre la mesa un viejo plano.

Había una zona de la planta donde las medidas no coincidían con el edificio actual.

Faltaban varios metros.

Los días siguientes cambiaron por completo la rutina de Sara.

Con autorización para consultar material histórico del propio hotel, revisaron copias de planos, inventarios y registros de antiguas remodelaciones.

Un empleado veterano de mantenimiento confirmó algo extraño.

Existían espacios sellados desde hacía décadas.

Nadie sabía exactamente qué había dentro.

Cuando compararon medidas, el punto señalado por Meiying parecía encontrarse muy cerca de la suite de Jiawei.

Aquella noche estudiaron otra anotación del diario.

El fénix protege la entrada. Solo su compañero puede abrir el corazón.

Lucía fue la primera que comprendió que no hablaba únicamente de un dibujo.

En uno de los pasillos había un enorme jarrón chino colocado sobre un pedestal.

Llevaba allí desde antes de la última gran remodelación.

Entre montañas y nubes pintadas sobre la porcelana aparecía un pequeño fénix.

Lucía lo señaló.

—Ese.

Con un responsable del edificio presente, examinaron cuidadosamente la pared cercana.

Detrás de un panel decorativo apareció algo que nadie esperaba.

Un estrecho corredor.

Al final había una puerta antigua.

La cerradura tenía la forma exacta de un fénix.

Jiawei se quedó sin palabras.

Había encontrado el Ala del Fénix.

Pero no podía abrirla.

Entonces recordó otro objeto.

De su baúl sacó una pequeña caja.

Dentro había un colgante de jade con forma de dragón.

—Mi abuela conservó este —dijo—. Había dos.

El otro era un fénix.

Había pertenecido a un tercer socio llamado Tomás Thompson, un hombre que, según los diarios, nunca estuvo cómodo con lo ocurrido.

Jiawei creía que aquel colgante podía ser la llave.

Pero había desaparecido hacía décadas.

La búsqueda cambió de dirección.

Sara pasó varios descansos revisando periódicos antiguos y registros públicos en una biblioteca.

Finalmente encontró una nota necrológica.

Tomás había muerto muchos años atrás.

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