Intentó ponerse de pie.
Mariana creyó que caminaría hacia ella.
No lo hizo.
Pasó junto a sus piernas.
Miró hacia el bosque.
Y empezó a avanzar.
Fue entonces cuando comprendimos que Bruno no quería abandonar el coche.
Quería mostrarnos algo.
También comprendimos algo todavía más doloroso.
Había esperado hasta que apareciera alguien relacionado con Roberto.
Como si necesitara asegurarse de que finalmente alguien pudiera seguirlo.
Mariana insistió en acompañarnos.
Bruno avanzó lentamente entre árboles, raíces y piedras.
Conocía el camino.
Giró junto a un árbol partido.
Cruzó un pequeño arroyo por el punto más estrecho.
Rodeó una piedra grande evitando una zona inestable.
No estaba caminando sin rumbo.
Había hecho aquel recorrido muchas veces.
A mitad del camino cayó.
La veterinaria le ofreció agua.
Mariana se sentó junto a él.
No lo obligó a levantarse.
Solo dijo:
—Llévanos con papá, Bruno.
El perro permaneció quieto unos segundos.
Después volvió a ponerse en pie.
Fue la última vez que hizo aquel recorrido.
Los especialistas concluyeron que Roberto probablemente había muerto poco después de la caída debido a las heridas.
Bajo unas rocas encontraron antiguas marcas de patas.
También había señales alrededor de la mochila.
Parecía que Bruno había intentado acercarse una y otra vez.
Incluso había arañado la tierra.
El perro permaneció cerca de Roberto durante varios días.
Luego necesitó buscar agua.
Y encontró el camino de vuelta al coche.
Las lluvias dejaron pequeñas cantidades de agua dentro del vehículo a través de la ventanilla rota.
Más adelante Bruno descubrió otros lugares donde beber.
Buscaba comida.
Regresaba.
Volvía hacia la barranca.
Regresaba otra vez.
Era un recorrido de aproximadamente ochocientos metros.
A medida que perdía peso y fuerza, dejó de hacerlo.
Finalmente eligió quedarse en el asiento del conductor.
Porque allí todavía estaba el olor de Roberto.
Para nosotros era un coche viejo.
Para Bruno era el último lugar donde su dueño tenía que aparecer.
Después del rescate, Bruno permaneció doce días bajo atención veterinaria.
Había perdido muchísimo peso.
Sus músculos estaban debilitados y necesitaba comer cantidades pequeñas varias veces al día.
Mariana lo visitaba cada mañana.
Durante los primeros días, Bruno miraba detrás de ella cada vez que entraba.
Como si esperara ver aparecer a Roberto.
El cuarto día Mariana llevó una chaqueta de su padre.
La colocó junto a Bruno.
El perro hundió el hocico en una manga.
Permaneció así durante varios minutos.
Después comenzó a comer.
Cuando finalmente recibió el alta, prepararon un asiento acolchado en el coche de Mariana.
Pero Bruno se negó a subir.
Ella abrió la puerta del conductor.
Bruno entró inmediatamente.
Se acomodó detrás del volante.
Mariana tuvo que esperar un rato antes de poder convencerlo para cambiar de lugar.
Aquello comenzó a repetirse.
En casa de Mariana había camas para Bruno en varias habitaciones.
Su esposo incluso construyó una pequeña rampa para que pudiera subir fácilmente al porche.
Bruno ignoró casi todas las camas.
Prefería dormir cerca del garaje.
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