Mi novio dice que arruiné nuestra relación por culpa de mi periodo.
Tengo 23 años. Mi novio tiene 30. Llevamos dos años juntos. No vivimos juntos porque yo vivo en un estudio pequeñito detrás de la casa de mi casero y no hay espacio para él, y me niego a mudarme con él y sus roomies.
Crecí siendo la única niña en una casa con cinco hermanos. Mi papá y mis hermanos me obligaban a tirar mis cosas del periodo en el bote de basura de afuera. Nunca me permitieron hablar del tema. Aprendí desde muy chiquita que mi cuerpo era asqueroso y que mi trabajo era ocultarlo.
Cuando sé que voy a estar con mi novio, o cuando estoy en el trabajo o en público, uso un disco menstrual. Funciona bien para ratos cortos. Pero en la noche, cuando sé que estoy sola, uso calzones menstruales desechables.
Así no me tengo que preocupar por dar vueltas en la cama y manchar todo. No me tengo que preocupar por el síndrome de shock tóxico. Me dan menos cólicos. No son nada sexys. Parecen literalmente un pañal. Pero estoy dormida. Estoy sola. Y tengo derecho a estar cómoda en mi propia cama.
Mi novio tenía planeado un viajecito de fin de semana a Las Vegas con sus amigos. Se iba el viernes y regresaba el lunes. Como sabía que él no iba a estar, decidí dormir cómoda.
Hubo un cambio de planes en su viaje y terminaron regresando el domingo en la noche en lugar del lunes. Él decidió no decirme nada porque quería darme una sorpresa. Así que me fui a dormir el domingo a las nueve de la noche, como siempre, usando lo que uso cuando estoy sola y en mis días.
En algún momento a mitad de la noche, se metió en mi cama. Sintió el calzón. Brincó como si lo hubiera electrocutado. Prendió la luz y me vio con puro asco. Me dijo que yo era asquerosa. Me dijo que estaba ahí tirada en mi propia sangre como un animal.
Me dijo que estaba sucia. Me dijo que mi cama apestaba a matadero. Me levanté, me metí a bañar, me tallé hasta dejarme la piel roja y me puse un disco. Cuando me volví a acostar, me dio la espalda y se durmió sin decir una sola palabra. Me trató como si yo hubiera arruinado su sorpresa.
El lunes fui a trabajar y no supe nada de él. Ni un mensaje. Ni una llamada. Silencio total. El martes en la tarde apareció en mi estudio. Dijo que había estado pensando. Dijo que ahora, cuando se imagina mi cara, lo único que ve es a una niña usando un pañal. Que no se puede sacar esa imagen de la cabeza. Me preguntó si usaba eso por placer.
Le dije que obvio no. Dijo que no me creía. Me dijo que era una novia horrible por ocultarle esto. Dijo que le había hecho perder todo su tiempo y energía. Dijo que cualquier hombre estaría horrorizado de descubrir que su novia usa pañales a escondidas para dormir.
Intenté explicarle. Le dije que son por comodidad cuando estoy sola. Le dije que sé perfectamente que no son atractivos. Le dije que solo los uso cuando él no está.
Le rogué. Le dije que lo amo y que no quiero arruinar lo nuestro. Le dije que voy a dejar de usarlos por completo. Que prefiero manchar mis sábanas y despertarme con dolor antes que perderlo.
Me vio como si yo fuera patética. Dijo que con eso no bastaba. Dijo que el verdadero problema es que yo tenga la regla. Dijo que la simple idea de que yo sangre todos los meses le da asco.
Me dijo que tengo que hablar con mi doctor para cambiar de anticonceptivos y no volver a tener mi periodo nunca más. Dijo que es simple. Que es fácil. Dijo que cualquier mujer a la que de verdad le importara su relación, ya estaría corriendo a la clínica.
Le dije que no quiero cambiar mis anticonceptivos. Le dije que mi cuerpo no está descompuesto y que no me quiero empastillar hasta el cansancio solo porque mi biología le da asco. Me dijo que era una pendeja. Dijo que soy una egoísta. Dijo que estoy eligiendo mi periodo por encima de él.
Dijo que con esto le demuestro que nunca lo quise, porque no quiero hacer algo tan sencillo para que él se sienta mejor. Dijo que, si de verdad me importara, ya habría llamado al doctor. Dijo que le doy asco y que no sabe si alguna vez me va a poder volver a tocar a menos que arregle esto.
Tengo cita con el doctor este viernes. La saqué porque me aterra perderlo. Pero ahorita estoy sentada en mi estudio viendo una caja de calzones menstruales que se supone que tengo que tirar a la basura, y me pregunto por qué soy yo la que tiene que cambiar todo el funcionamiento de su cuerpo para que un hombre de 30 años no tenga que lidiar con el hecho de que las mujeres sangran.
¿Estoy mal por negarme a que mi novio suprima mi periodo con medicinas porque piensa que mi cuerpo es asqueroso?
¿O es él quien demostró que no me ama, y que solo ama la idea de una mujer que no funciona como un ser humano real?
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia.






