Rescataron a una perra colgando de un árbol, y lo que descubrieron en su vientre cambió varias vidas para siempre

Después les contó la segunda sorpresa.

—Canela tuvo cachorros.

El hermano mayor de Sofía abrió los ojos.

—¿Cuántos?

—Cinco.

La familia sabía que estaba embarazada.

Antes de la inundación habían preparado un rincón tranquilo en casa para que diera a luz.

Cuando tuvieron que salir, Martín ayudó primero a los niños mientras Adriana buscaba desesperadamente a Canela.

La perra había desaparecido por una puerta dañada.

La buscaron hasta que les ordenaron abandonar la zona por seguridad.

Durante dos días preguntaron por ella.

Después alguien mencionó haber visto a un perro atigrado siendo arrastrado por la corriente cerca de un canal.

Adriana comenzó a pensar que Canela no volvería.

No porque quisiera perder la esperanza.

Sino porque cada vez que Sofía preguntaba cuándo regresarían por ella, no sabía qué responder.

Aquella tarde llevaron a toda la familia al taller.

Canela escuchó la voz de Sofía incluso antes de que la puerta terminara de abrirse.

Levantó la cabeza.

La niña se quedó quieta.

Ramiro le había explicado que no debía correr hacia una madre recién parida.

—Canela…

La perra intentó ponerse de pie.

Sus patas todavía estaban débiles.

No pudo.

Así que comenzó a arrastrarse sobre las mantas.

Sofía ya no aguantó.

Se arrodilló frente a ella.

—Aquí estoy.

Colocó una mano sobre su cara.

Canela cerró los ojos.

A pocos centímetros, cinco cachorros se movían sobre la vieja chamarra de Ramiro.

Adriana comenzó a llorar.

Martín miró hacia otro lado.

Luis fingió estar muy interesado en ordenar unas toallas.

Pero el reencuentro dejó al descubierto un problema que nadie había querido mencionar.

La familia no tenía casa.

El alojamiento temporal permitía algunos animales en una zona especial, pero cinco cachorros recién nacidos no podían permanecer allí.

Necesitaban tranquilidad.

Temperatura estable.

Limpieza.

Y varias semanas junto a su madre.

—Buscaremos quién pueda cuidarlos —dijo Adriana.

Ramiro respondió inmediatamente.

—Ya lo encontraron.

Todos lo miraron.

—Canela y los cachorros pueden quedarse aquí hasta que estén listos.

Luis levantó una ceja.

—¿Aquí?

—Aquí.

Luis observó las cinco pequeñas criaturas.

—Bueno… ya ocuparon mi mesa de trabajo de todas formas.

Durante las semanas siguientes, la vida del grupo cambió.

Los motociclistas organizaron turnos para limpiar, vigilar y llevar a Canela al veterinario.

La familia acudía todos los días.

Sofía puso nombre a los cinco cachorros: Cedro, Río, Piedra, Trébol y Luz.

Luis decidió que Piedra necesitaba un nombre más fuerte.

—Yo le digo Pistón.

—Se llama Piedra —respondía Sofía.

—Pistón.

—Piedra.

—Pistón.

La discusión se repitió durante semanas.

La veterinaria revisó a Canela y confirmó que no quedaban más cachorros.

Estaba deshidratada y tenía lesiones provocadas por la presión de la red, pero no presentaba daños internos importantes.

Los pequeños estaban sanos.

Según sus cálculos, Canela probablemente había permanecido atrapada entre 36 y 48 horas.

Había sobrevivido suspendida sobre el suelo.

Y había mantenido con vida a cinco cachorros dentro de su cuerpo.

Cuando llegó el momento de pensar en adopciones apareció otra sorpresa.

Nadie tuvo que buscar familias.

Había cinco cachorros.

Y cinco motociclistas ya habían comenzado a comportarse como si fueran suyos.

Mariana, una de las integrantes del grupo, escogió a Trébol.

Luis escogió a Piedra.

—Pistón —corrigió.

Sofía lo fulminó con la mirada.

Otro motociclista eligió a Río.

Un hombre llamado Francisco adoptó a Luz con su esposa.

Francisco tenía 61 años, la cabeza rapada, brazos llenos de tatuajes antiguos y llevaba años asegurando que jamás permitiría animales dentro de su casa.

En la primera revisión veterinaria llevó a Luz escondida bajo su chaleco casi todo el tiempo.

Quedaba Cedro.

El cachorro más pequeño.

El primero.

El que había empezado a respirar sobre la chamarra de Ramiro.

Ramiro no dijo nada.

Vivía solo desde que su esposa había muerto algunos años atrás.

Su casa tenía pocas cosas, demasiadas herramientas y un silencio que se hacía especialmente pesado por las noches.

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